sábado, 5 de enero de 2013

Día 2 - De Viedma a Puerto Madryn


El jueves salimos de Viedma a media mañana, después de una pasada por el hospital: Eduardo había salido de casa con una angina que fue empeorando, y fue necesario que lo viera un médico para administrarle antibióticos y un calmante para su dolor de garganta.
Luego de salir del hospital con nuestro viajero algo más repuesto, y de realizar unas compras en La Anónima para hacernos de provisiones, fuimos a conocer un poco más de Viedma.
 El paseo por la plaza principal nos llevó a conocer la catedral. Las impactantes columnas fueron traídas de Italia en 1902, en barco hasta Carmen de Patagones, y se cuenta la odisea que fue su cruce e instalación en la otra orilla.
La mañana estaba muy calurosa y clara. El plan de llegar a Madryn hacia primeras horas de la tarde se cumplió sin inconvenientes.

Llegados a Madryn, dimos un par de vueltas antes de ir al hostel donde habíamos reservado. Yo había anotado mal la calle y no lo encontrábamos…! Después de llamar por teléfono dimos con la dirección correcta.

El Hostel “La Tosca” es un lugar muy  agradable, nos hicieron sentir cómodos desde el primer momento. Había turistas de diferentes lugares, muchos extranjeros. La gente del hostel, muy amable, nos hizo conocer todas las opciones de paseos que hay en la zona, relacionadas con las reservas de fauna de las cercanías.
Esa tarde, mientras Adriana y Gerardo fueron a pasear un rato por la playa y Edu descansaba para tratar de reponerse,  yo me quedé descansando en el jardín mientras tomaba unos mates y confirmaba las reservas hoteleras para nuestro próximo destino al día siguiente: Puerto San Julián.
Al anochecer (digamos, siete de la tarde, ya que la verdadera “noche” se percibe recién a eso de  las nueve en esta época del año por estas latitudes), salimos con Edu a dar una vuelta por las playas céntricas y la zona comercial. Nos impresionó la limpieza de la ciudad y lo cuidada que se la veía en general.
Cenamos en un restaurante Vasco, “Taska Beltza” unos mariscos buenísimos y fuimos a dar una vuelta por la costa hacia el sur. Ahí se observa una linda vista panorámica de la ciudad.
Debíamos descansar bastante dado que al otro día nos esperaba un largo tramo de casi 900 kilómetros de ruta para comenzar a cumplir uno de nuestros sueños: adentrarnos en la Patagonia profunda.

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